lunes, 15 de septiembre de 2014

UNA PEQUEÑA DIVERSIÓN SOBRE NUESTRO ¿SISTEMA?? DE SERVICIOS SOCIALES.

UNA PEQUEÑA DIVERSIÓN SOBRE NUESTRO ¿SISTEMA?? DE SERVICIOS SOCIALES.


Solo adivina quien, cuando y porque ha dicho esto (no valen atajos)



El estado de nuestros Servicios Sociales (SS.SS. a partir de aquí) es deplorable: la palabra parece dura, pero tiene una triste exactitud. Los medios de la sociedad antigua no existen, los de la nueva no están organizados, y la humanidad doliente y desvalida sufre cruelmente en este fatal interregno.
El enfermo sin recursos halla un mal hospital o no halla ninguno. ….. Digamos la verdad, la triste verdad, la gran mayoría de los enfermo sin recursos (emigrantes básicamente), sufre y muere sin recibir de la asistencia sanitaria auxilio eficaz, en la mayor parte de los casos sin recibir auxilio alguno.

Los menores en situación de riesgo fallecen en una horrible proporción. Hay autoridades que se felicitan por la economía que resulta de reducir el salario de las personas que los llevan a sus casas de acogida Mujeres fundamentalmente miserables solas a quienes puede convenir un contrato tan poco ventajoso; mujeres mal alimentadas, que muchas veces siguen criando a sus hijos, y dan al menor el alimento necesario para que arrastre lánguidamente una vida que no tarda en extinguirse; no olvidemos que si la pobreza es compasiva, la miseria es dura. …………… La ley tan inexorable en otros casos es tímida en este; no se atreve a exigir fondos para cubrir la más sagrada de las obligaciones.
Los enfermos mentales están muy lejos de ser tratados con la inteligencia y caridad que su estado exige. ,,,,,,,,,,,, todavía es muy contado el número de los establecimientos especiales, tanto que se ha dado orden a las autoridades para que no manden a ellos sin previo aviso a ninguna persona falta de razón. Esta orden es consecuencia de que no hay proporción entre el número de enfermos mentales, y la posibilidad de alojarlos en los establecimientos especiales, por manera que mientras les llega un turno, que no suele llegar, están provisionalmente en los hospitales donde hay todavía discípulos de la antigua escuela que admitía como axioma que el loco por la pena es cuerdo.

En todos los establecimientos y conforme a lo que la ley dispone, se sigue el fatal sistema de contratas, por el cual la codicia de los contratistas defrauda a la pobreza, la explota, y compra la impunidad con el fruto del crimen.
Bien sabemos que se hacen grandes elogios de los establecimientos de SS.SS.por personas que los visitan un día en que se abren al público; bien sabemos que hay autoridades que quedan muy satisfechas del estado en que se encuentran; pero cuando estas visitas no se hacen por curiosidad o por fórmula, dejan en el ánimo una impresión menos grata.
Conclusión
Si partiendo de los principios que hemos sentado, estudiamos la legislación vigente sobre SS.SS., nos convenceremos de que tiene grandes errores y grandes vacíos.


  • No dispone lo necesario.
  • No garantiza el cumplimiento de lo que dispone.
  • No señala recursos para proveer a los gastos que han de originarse en el caso de que se cumpla lo que manda.

  • En lugar de mandar resueltamente, es tímida; en lugar de decir habrá tal o tal cosa, dice a veces, se procurará que haya. ¿Es este el lenguaje de la ley?
¿Y si no se procura, a quién se exige la responsabilidad? A nadie, que es el caso actual. No se ha procurado que haya hospitales en todas las capitales de provincia a no ser que se dé este nombre a una mala enfermería con algunas camas, donde no se admite más que a los vecinos de la ciudad, como sucede en muchas. No se ha procurado tampoco la creación de los hospitales llamados de distrito, ni menos que donde quiera que existe junta municipal de SS.SS. haya por lo menos un establecimiento dispuesto para recibir a los enfermos, ni se tienen preparados medios de trasladarlos al hospital del distrito o provincial

Sería menester escribir una memoria solamente para señalar los defectos de la legislación sobre Beneficencia, como hemos dicho ya, su más severa crítica se halla en el estado de los establecimientos benéficos.

Si la ley de SS.SS.. como las otras, se presenta por el gobierno, pasa a una comisión, se discute y se sanciona, será siempre incompleta y defectuosa. No puede formularse con acierto por hombres que aunque ilustrados en otras materias, carecen en esta de conocimientos especiales. Es preciso haber vivido mucho con los desvalidos, haber sentido sus males, haber estudiado los medios de aliviarlos, haber oído a los que una larga experiencia, pone en estado de dar consejo, haber presenciado hasta que punto la maldad humana puede agravar la suerte de los infelices, y todo lo que es capaz de hacer la virtud para consolarlos: esto no se aprende en las cátedras, ni en los libros, se aprende en los hospitales: a priori nadie puede prever todo el bien, y todo el mal de que es capaz el hombre. Y este bien y este mal es preciso que la ley le aprecie con exactitud, para que sea según conviene suspicaz o confiada, para que sepa lo que tiene que temer de los unos, y lo que de los otros puede esperar.

En nuestro concepto no hay ninguna ley más difícil de formular que la ley de SS.SS.,, ni ramo en que sean más necesarias y más raras las especialidades. Como lo que importa es menos reformar pronto que reformar bien, convendría tomarse el tiempo necesario para estudiar la materia.

Es triste que se piense tanto en los medios de hacer mal, y tan poco en los de hacer bien; que se manden comisiones a estudiar los progresos de la estrategia, y no vaya un solo individuo a estudiar los de la caridad; que se estimule el talento con premios en las bellas artes, y no en las ciencias que pueden dar alivio a la humanidad doliente; y en fin que entrando el dolor por tanto en la sociedad, los medios de aliviarle entren por tan poco en el presupuesto.

Deberían comisionarse personas competentes para estudiar la legislación y la práctica de otros países más adelantados.
Si en otras naciones cuando hay una obra difícil, y en la nuestra cuando hay una obra bella, se abre un certamen público, debería abrirse con más razón ofreciendo un premio al autor del mejor proyecto de ley sobre SS.SS..
Debería crearse un periódico especial donde se discutiesen las cuestiones que SS.SS se refieren.

Cuando se hubieran adquirido por estos medios conocimientos que hoy faltan, debería abrirse una amplia información parlamentaria en que la comisión encargada llamase a su seno a todas las personas que pudieran ilustrarla, o pidiese noticias por escrito a las que la ausencia u otras circunstancias impidiesen concurrir personalmente: la ley que así se hiciese distaría mucho de la que hoy existe, y podría acercarse a la perfección.

Lo repetimos, una ley de SS.SS. que llene su objeto, no puede salir de las comisiones del congreso, ni de las secretarías del ministerio. Las personas especiales en este ramo viven muy lejos de la política y del poder. El legislador debe buscarlas por los muchos medios de que dispone. Habrá, sin duda, que vencer grandes dificultades; ¡qué reforma se planteó sin ellas! pero puede contarse también con auxiliares poderosos; jamás una idea generosa proclamada desde arriba, deja de hallar abajo numerosos ecos.
Si la práctica del mal no debe nunca servir de excusa para formular la teoría del bien, menos todavía en nuestra época y en nuestra patria. Las ideas están conmovidas; la duda tiene más partidarios que la afirmación; el volcán de las revoluciones ha dejado las inteligencias como el metal candente que recibe antes de enfriarse una marca cualquiera; todo se ha conmovido, el bien lo mismo que el mal: ni los errores, ni las verdades tienen raíz muy profunda: en tal estado, la acción de la ley es necesaria, y debe ser 
poderosa.

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